Poema: Aclamación antes de la muerte

Por: Katia Arias

Gritando sola en el silencio,

Nadie me podía oír,

Y poco a poco mi ferviente voz,

Se fue apagando al morir…

–

Así los miembros de mi cuerpo

Me comenzaron a dejar

Y por tu ayuda yo empecé a rogar

Y parecías no escuchar

–

Al comenzar no comprendía,

Cegada por el dolor

¿Madre cómo me dejaste ir,

Siendo tú mi gran amor?

–

Regresando un poco el tiempo,

Logré por fin recordar,

Que más que hija me llamaste error,

Consecuencia del mal.

–

Pero mamá no tengas pena

A diario oraré por ti

Desde el cielo seré tu consuelo,

Quiero verte feliz

–

Seé que aún puedes escucharme

Y que en la noche oyes mi voz

Y al final tu al entregarme

Nos entregaste a los dos.

–

Aún te muerde la conciencia

Pagaste mi ejecución

Sin embargo yo aún te amo

Fue un error no traición

–

Ahora que muero me pregunto

¿A qué sabe el sol de abril?

¿A qué sabe aquella agua viva,

de un hogar junto a ti?

–

¿Qué habría sido ir a la escuela?

¿Tener un amigo o dos?

¿Descubrir lo que me gusta y lo que no,

experimentar el amor?

–

¿Qué habría sido superarme?

¿Haber podido viajar?

¿Sacar un título con el que pude

Haber salvado a la humanidad?

–

Pero mamita yo entiendo,

Y con mi último aliento digo hoy

Si… tenía un gran futuro escrito

Pero en tu vientre quedó…


Katia es hija de Dios, esposa y madre. Actualmente se dedica a su familia pero ejerció por varios años como catedrática, coach juvenil y catequista. Su sueño es ser y hacer santos junto a Javier su esposo.

2 Comments

  1. Willy-
    1 marzo, 2024 at 5:18 pm

    Es una persona que ha seguido el camino que EL SEÑOR le ha marcado. Y sin rechistar lo ha cumplido paso a paso en entrega y servicio de quienes la rodean. Es la persona más buena que he conocido

  2. Javi S-
    4 marzo, 2024 at 12:13 pm

    Ufff. Fuerte pero real. Tenemos que pensar en ambos: madre y bebé, y en cómo y cuánto cada uno sufre. Aunque hay situaciones donde la madre aborta por desesperación o por engaño, sin embargo tristemente el aborto (no espontáneo) nunca es justificable.